Escribes un correo en inglés, lo relees y algo no encaja. No hay faltas: los tiempos están bien, las palabras existen. Pero suena plano, raro, a máquina. Le pasa a casi todo el que ya entiende inglés pero lo escribe traduciendo del español en la cabeza.
El problema no es tu nivel. Es el método. Cuando piensas la frase en español y la pasas palabra por palabra, arrastras nuestra forma de encadenar ideas: frases largas, muchas comas, giros que en inglés nadie usa. El resultado es correcto y a la vez ajeno.
Suena a traducción
I am writing you in order to ask you if it would be possible to send me the report as soon as you can.
Suena natural
Could you send me the report? Thanks.
Escribir bien en inglés no es traducir más rápido: es dejar de traducir. Es montar la frase ya en inglés, con sus bloques, corta y directa, como la escribiría alguien de allí. Menos palabras y mejor colocadas.
Un texto suena a traducción cuando piensas en español y trasladas. Suena tuyo cuando lo construyes en inglés desde el principio. Ese cambio de método es todo el curso.
Empezamos por la pieza que más lo cambia todo —escribir con bloques ya hechos— seguimos con el correo, que es una plantilla fija, y cerramos con un repaso de treinta segundos que caza los últimos fallos antes de enviar.